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Marzo 29, 2007
LA MACEDONIA MACEDONIA
SKOPJE
Skopje, capital de la República de Macedonia, con 600.000 habitantes sobre el total de algo más de 2 millones del total de la república, situada a medio camino entre Belgrado y Atenas, es una ciudad con la inconfundible atmósfera de lo balcánico.
Un paseo es suficiente para percatarse de que hay dos Skopjes, que quedan divididas por el río Vardar. En una de sus márgenes se encuentra el intrincado y laberíntico bazar turco, con sus mezquitas y alguna vieja iglesia ortodoxa, habitado mayoritariamente por macedonios de étnia albanesa, al pie de la colina coronada por el antiguo fuerte de la ciudad. Cruzando el viejo puente de piedra otomano, dejando los minaretes de las mezquitas a la espalda, se accede a la ciudad moderna, y allá en lo alto, elevándose sobre los bloques de edificios, la gran cruz inacabada en la cima del monte Krstovar, dominando el valle y la ciudad. La ciudad moderna fue construida tras el brutal terremoto de 1963 a la manera racionalista funcionalista de una Brasilia. Entre los edificios más representativos que esta corriente legó a la capital balcánica, se cuentan el de Correos y el Auditorio de música contemporánea.
Vista de Skopje, con el edificio de correos en primer término y la cruz de Krstovar en lo alto.
En la periferia se levantan los barrios obreros de la época de la Yugoslavia socialista, bloques y bloques idénticos que alojan a la humilde y afable clase media macedonia. Y un poco más allá, a unos pocos kilómetros de la capital, se encuentra el asentamiento roma más grande de Europa, otro mundo.
Así es Skopje, a ritmo de rock yugoslavo ochentero, turbo-folk, música turca, albanesa, gitana o electrónica, una capital balcánica en estado puro y llena de contrastes.
HISTORIA DE UN NUEVO ESTADO
En 1991, la federación Yugoslava se disolvió y la guerra se extendió por las recién independientes repúblicas de Croacia y Bosnia-Herzegovina. Sin hacer ruido, Macedonia también se proclamó independiente el 8 de septiembre tras un referéndum y Skopje se transformó en la capital de la República de Macedonia, siendo ésta reconocida al principio sólo por algunos estados. La falta de unanimidad internacional a la hora de reconocer la nueva república fue provocada por Grecia: se opuso firmemente al uso del nombre Macedonia por el nuevo estado (por considerarlo helénico y por tener Grecia una provincia llamada así) y a que instituyeran como bandera el sol de dieciséis rayos (emblema de la casa real de Macedonia en tiempos de Alejandro Magno). Todo lo cual retrasó el reconocimiento internacional del nuevo estado (sólo en 1993 la ONU lo reconoció bajo el nombre de “Antigua República Yugoslava de Macedonia”, siendo FYROM su acrónimo en inglés). Además, Grecia impuso un bloqueo económico y cerró su salida natural al mar a través del puerto de Tesalónica, lo cual afectó gravemente a la economía de Macedonia, en titubeante transición hacia el capitalismo tras la etapa socialista. Las sanciones fueron levantadas en septiembre de 1995, tras 20 meses de embargo, después de que la República de Macedonia cambiara su bandera y algunos artículos controvertidos de su constitución. Las dos naciones acordaron entonces normalizar sus relaciones, pero el nombre del estado sigue siendo fuente de controversia local e internacional. Aún hoy, cuando en territorio griego se pide un billete de tren con destino a Macedonia, es habitual escuchar como respuesta “pero si ya estás en Macedonia” o “no conozco ese país”…
Cuando la economía macedonia empezaba a levantar cabeza, tuvo lugar la guerra de Kosovo (año 99), durante la cual Macedonia participó bajo la bandera de la OTAN contra el ejército federal yugoslavo, los “primos serbios”, los “hermanos eslavos”. Ello provocó gran malestar y protestas por parte de la opinión pública eslavo-macedonia del país. Una cosa era reprobar el comportamiento genocida del gobierno de Milosevic, como la mayoría de serbios, y otra muy distinta era atacarles y bombardear Belgrado. Por su lado, la minoría albanesa (25% de la población) daba apoyo a la intervención internacional en defensa de sus “hermanos albaneses” de Kosovo.
Fuente en el viejo bazar turco.
Durante este conflicto, Macedonia recibió decenas de millares de refugiados albano-kosovares que huían de sus tierras temiendo la limpieza étnica serbia. Acabada la guerra en Kosovo, parece ser que el UCK (Ejército de Liberación de Kosovo) introdujo luchadores y armamento en territorio macedonio. Aprovechando que la minoría albanesa de Macedonia se sentía insuficientemente representada y tenida en cuenta por las instituciones, estalló entonces una importante revuelta que afectó especialmente la zona norte-occidental del país, de mayoría albanesa, con Tetovo como ciudad más importante, y con la población de Aracinovo, a pocos kilómetros de la capital, como avanzadilla más amenazante. Todo lo cual cerca estuvo de conducir a la guerra civil a lo largo de varios meses en 2001. Se trató de la última guerra balcánica hasta la fecha.
La calma volvió al país tras los llamados acuerdos de Ohrid, que comportaron cambios en la constitución y el reconocimiento de varios derechos para las minorías. Para explicarlo fácil, si antes la constitución hablaba de Macedonia como una nación con varias minorías, con los acuerdos de Ohrid la referencia se modificó por la del estado multiétnico de los ciudadanos de Macedonia. En lo que a derechos se refiere, quedó estipulado que en aquellas poblaciones con un 20% de presencia de una minoría (de facto por demografía, la albanesa), la lengua de ésta se convertiría en co-oficial. Lo cual significa que en esas poblaciones se tiene el derecho de dirigirse a la administración, y de recibir la educación (la universitaria incluida), en esa lengua.
La tensión étnica parece haber remitido desde entonces, aunque los recelos entre comunidades subyacen latentes. En mi reciente (y fugaz) visita a Skopje, no obstante, las preocupaciones que la población me transmitió fueron mayormente económicas. En un futuro post me detendré en ello. Por otra parte, como también tengo planeado visitar Tetovo en las próximas semanas o meses, indagaré con mayor profundidad en la cuestión nacional albanesa en Macedonia.
Macedonia es candidata desde finales de 2005 a entrar en la Unión Europea.
Periodistas albaneses de Tirana y de Pristina me han comentado recientemente que, en vista a que pueden ser los primeros albaneses en entrar en la Unión Europea, los albaneses de Macedonia optan por concentrarse en este objetivo, olvidando unas reclamaciones nacionales que, tras los cambios en la constitución y los derechos antes mencionados, han perdido, parece ser, su razón de ser. Muchos habitantes de Macedonia (y de Albania, y de Serbia, y de Kosovo… y de tantos otros países), que no aciertan a ver expectativa de futuro ninguna en su país, que sufren altas tasas de desempleo, que cuando tienen trabajo ingresan alrededor de 200 euros al mes, que tienen pocas o nulas posibilidades de salir al extranjero, el ingreso en la Unión es un sueño, la gran esperanza.
Junto al rio, de buena mañana.
LA IDENTIDAD MACEDONIA
Macedonia es un país joven. Aunque muchos en el país reclaman siglos de historia y llegan a remontarse a Alejandro Magno (nada tienen que ver los actuales macedonios con aquéllos), lo cierto es que su independencia data de fecha tan reciente como 1991. Y no es menos cierto, que tienen una identidad ciertamente controvertida.
Como quedó expuesto en el anterior punto, el mismo nombre fue, y es, motivo de disputa a nivel internacional. Aún son muchos los países que no reconocen a la República de Macedonia y se refieren a ella como Former Yugoslav Republic of Macedonia o FYROM (Antigua República Yugoslava de Macedonia o ARYM, en castellano).
Grecia, asimismo, y como ya se avanzó anteriormente, entró en litigio e impidió la adopción de la bandera original macedonia, con los 16 rayos de la dorada Estrella de Vergina sobre fondo rojo. La actual fue adoptada el 6 de Octubre de 1995, los rayos fueron reducidos a 8 prolongándolos hasta los bordes de la misma bandera, y lo que resultó es algo parecido a una insignia de un guerrero manga japonés:
![20050630004650!Flag_of_Macedonia[1].png](http://www.fotoperiodistes.org/perebigas/arxius/20050630004650%21Flag_of_Macedonia%5B1%5D.png)
En lo que a la lengua se refiere, la identidad de lo macedonio también está en entredicho, esta vez por Bulgaria, que no reconoce la lengua porque considera que el macedonio es un dialecto del búlgaro. Es más, algunos patriotas búlgaros, al hablar con macedonios, les consideran nada más y nada menos que los búlgaros puros, la cuna de lo búlgaro… para gran fastidio de los macedonios. Por otro lado, es recurrente en la vida política macedonia la acusación de filo-bulgarismo, que algunas veces con razón, y muchas otras sin ella, planea sobre más de un político.
Por lo que a reconocimiento de fronteras se refiere, y siempre que ante uno se encuentre un Gran nacionalista (sea de donde sea), la controversia está servida. Veamos: los albaneses que creen en la Gran Albania consideran que la parte occidental del territorio macedonio debería pertenecerles (porque les fue injustamente extirpada en 1912, aprovechando el derrumbe de su tradicional protector, el Imperio Otomano). Los nacionalistas serbios más vehementes, imbuidos del proyecto, en su caso, de la Gran Serbia, también consideran que el territorio macedonio les pertenece históricamente. Por no hablar de los más acérrimos nacionalistas griegos, que opinan lo mismo y también barren para casa. Para remachar, y para no ser menos, también los nacionalistas macedonios consideran que las fronteras actuales no se corresponden con lo deberían ser la Gran Macedonia: faltarían dos pedazos de su territorio legítimo, la Macedonia griega y la búlgara.
Rizando el rizo, el vecino septentrional, Serbia, tampoco reconoce la legitimidad de la iglesia ortodoxa macedonia. El patriarcado de Belgrado alega que es en él en donde debería recaer la máxima autoridad religiosa ortodoxa en Macedonia… Y reclama espiritualmente para sí algunas de las iglesias más bellas y antiguas del territorio macedonio.
Y para acabar, el tema de las minorías. La distribución étnica de la población de la República de Macedonia arroja los siguientes datos: la mayor parte de la población la constituyen los eslavos macedonios que representan un 64.2% de la población, y la mayor minoría la constituyen los albanos con un 25.2% del total, creciendo éstos demográficamente a un ritmo superior al registrar, en general, un alto índice de natalidad. Les siguen, ya a cierta distancia, los turcos con un 3.9% de la población, los roma con un 2.7% y los serbios con un 1.8%. Como antes apuntábamos, tras la insurgencia de la minoría albanesa en 2001, se acordaron cambios en la constitución que repercuten también en la identidad de los macedonios, puesto que antes se basaba más en criterios étnicos mientras que posteriormente y en la actualidad, se basa en criterios, digamos, civiles o de ciudadanía. Hoy es macedonio el ciudadano de Macedonia, con independencia de su etnia y religión. ¿Pero todos se sienten así? ¿Lo siente así un macedonio eslavo? ¿Considera en igual forma a su vecino albanés, o a un roma? ¿Lo siente así un albanés cuya lengua, religión y costumbres nada tienen que ver con sus compatriotas eslavos? ¿Y un turco? De todo hay en la tan compleja viña del señor.
La viña del señor desde la vieja fortaleza.
LA EUROPA DE LOS PUEBLOS
En todos los pueblos de Europa, seguramente en casi todas las naciones del mundo, existen minorías étnicas. Es fácil observar conflictos y disputas similares a lo largo y ancho del mundo. Sin duda los Balcanes, en este sentido, tienen mucho que enseñar. Por lo accidentado de su historia, en los Balcanes hay bolsas de población que quedaron dispersas durante siglos en un valle o región concreto, mientras en los circundantes se asentaban otras étnias. El ejemplo prototípico, y trágico, es Bosnia-Herzegovina, con bosnio-musulmanes, bosnio-croatas-católicos y bosnio-serbios-ortodoxos compartiendo el territorio.
Pero hay muchos otros ejemplos, lejanos y cercanos, enconadamente sangrientos o más civilizados: en Serbia hay una región con minoría húngara (Vojvodina), en Croacia una región con minoría serbia (Krajina), en Turquía una minoría kurda, en Polonia minorías alemanas, en Alemanía minorías turcas, en Estonia, Letonia y Lituania minorías rusas, en Francia minorías corsas o bretonas o vascas o árabes, en Bélgica minoría Valona, en España la minoría vasca o catalana, o la magrebí o la suramericana, y en Catalunya (parece un juego de muñecas rusas, una dentro de la otra) la minoría aranesa… y un largo etcétera que podría llevarnos a todas las naciones de la tierra. Sin lugar a dudas que en todos los casos hay (o habrá) una pugna por el poder, el reconocimiento y la preservación de la identidad, en mayor o menor medida. Las soluciones adoptadas han pasado (y pasan) de la limpieza étnica, al negacionismo u ostracismo, de la expulsión a la negociación política, de la autonomía al federalismo, de la independencia a la asimilación…
Por otro lado, tampoco es extraño el que, si una minoría deviene mayoritaria en una región concreta, se giren las tornas, es decir, que la antigua víctima de abusos se convierta en el nuevo opresor. El caso ejemplar, fronterizo con Macedonia, es Kosovo. Allí, los soldados de la OTAN que anteriormente bombardearon a los serbios para defender a los albaneses, se dedican hoy, entre otras cosas, a proteger valles y poblaciones serbias de eventuales hostilidades de sus vecinos albaneses.
Es este, sin duda, uno de los grandes temas a reflexionar en un país como Macedonia, junto con todos sus vecinos. El país ofrece por ello una apasionante mezcla de influencias culturales que enriquecerán al que la visite y la experimente de forma intensa con los ojos y los oídos abiertos. Talvez desde ese rincón de la península de los Balcanes, el visitante comprenda algo valioso sobre las similitudes de bastantes conflictos políticos de Europa, y, si se me permite, del mundo. Talvez desde Skopje, o cualquier otra ciudad de los Balcanes, uno pueda acercarse a comprender qué significa ser europeo. En esta Europa tan compleja, cada día más compleja.
Publicado por Pere a las Marzo 29, 2007 11:23 PM
Comentarios
buen viaje Pere! dibuja tus ciudades invisibles e ilustranos con tus escritos. besos. Cuidat!
Publicado por: polaroid a las Marzo 30, 2007 04:18 PM
Fantástico artículo. Espero, de aquí unos meses, previsiones de futuro por parte de un librepensador de Barcelona.
Publicado por: Borja a las Abril 10, 2007 09:01 AM